viernes, 20 de mayo de 2011

Nôtre-Dame.

Pequeña esfinge
de ceñida falda,
sucinto caminar
y serpentinos cabellos;
siempre dispuesta
(bien lo sabes),
y no a simple modo de égida
(también lo sabes),
a petrificar incautos
con la mirada.

Hasta que pude percutir
y embestirte el alma,
para arrancar,
desollando de ella,
a tu peor enemiga.

Ahora, en la resurrecta noche,
en la explanada frente a la Catedral,
cuya fachada ya conocías
con fotográfica memoria,
un salvaje y espectral Aullido,
allá arriba,
reclama tu vista.

Y entonces la ves.
Antes no estaba.
Ésta es nueva…

Diríase similar a las otras,
salvo por un pequeño,
pequeñísimo,
minúsculo,
ínfimo detalle…


Dos en una,
en contraluz de nubes:
Gárgola y Gorgona,
en cadena perpetua.


Y tiene los ojos azules. 

















        


- "Poema de Señor A.C. inspirado en este relato" -

*.*.*.*.*.*.* 


             Por fin, París... Ya le queda un sueño menos que cumplir. Hoy ni siquiera ha visitado museos, o los Parques Elíseos, o la Torre Eiffel… Todo el día lo pasó sentada en un banco, frente a la Catedral más famosa y no sólo por su cristiandad, que también, sino por su magia, su poder, sus leyendas… Nôtre-Dame. Y ahora, al anochecer, con todos y cada uno de los detalles de su arquitectura grabados en sus retinas, y apoyada en un muro, ve cómo el brillo de la luna refleja esas imágenes en el río Sena. El río, un río, el agua…, la vida, su vida, su Señor. Su amado Señor. Todo le lleva a Él, siempre Él.

               Y mientras sus ojos se llenan también de agua, de tan amada Esencia, sabe qué es lo que tiene que hacer ahora. Separa las rodillas, se agacha un poco, y se ofrece a su Señor. Sabe que ha venido sola a esta ciudad, pero también sabe que Él siempre está donde está ella. Sus sentidos no la engañan; con su piel, percibe Su Proximidad; con su nariz, percibe Su Olor; con su mente, Su Presencia, y con sus curvas ahora tan expuestas, percibe Su Deseo. Y su Señor la Posee, con fuerza, con fiereza, una y otra vez, cuando sucede algo que ella no esperaba… No sólo la está Poseyendo sexualmente, no sólo Hace uso de Su Pertenencia, no… La ha Poseído por completo, está en su interior, siente cómo todo su ser está siendo invadido por Él; su Señor está buscando algo, pero no hay nada que ella pueda ocultarLe. Justo en este momento, cruza ella al otro lado, a otra dimensión.

               Su Señor es ahora un Lobo. Un Lobo gris, que la luz de la luna convierte en plata. Los Ojos son penetrantes, no necesitan mirar para ver. Ese es el poder, Su Poder. Ella se da cuenta ahora de qué es lo que sucede, su Señor la ha desdoblado, ha sacado algo de su interior a la luz… Y Corre detrás de ella, ahora convertida en un ser infernal, con afiladas garras, ojos diabólicos del color de la sangre, y con ansias de fiera salvaje. Se siente, se sabe poderosa. Pero también sabe que no ha de enfrentarse a Él, su Señor es demasiado Poderoso, la Dominará también a ella. Y corre, vuela, salta, huye, busca con desesperación la puerta, el lugar que la traerá a este lado. Si lo logra, tendrá lo más preciado, vivirá. Ya ha encontrado lo que buscaba, sólo un salto más y cruzará.

               Y el Poderoso Lobo de Plata no ha conseguido darle alcance. Anticipándose al placer de lo que sabe va a encontrar -el disfrute de la vida, el mayor don que pueda un ser infernal tener-, hace que la saliva gotee por entre su boca. Ya ha llegado, se detiene un momento, y justo ahora cae al suelo, derribada por su Señor. Los colmillos del Lobo se clavan en su nuca, las Garras entran en su cuerpo, la atraviesa. Y nuevamente es Poseída, Penetrada y Dominada. Su Señor no tiene piedad ahora, la está traspasando y taladrando con Su Poder. Las fuerzas la abandonan, se rinde, se entrega.

               Ella ha vuelto a la Catedral. No sabe bien cómo, sus pies la han traído hasta aquí, caminando casi como una autómata. Y vuelve a mirar, se deleita de nuevo ante tanta belleza. Un Aullido salvaje sonando desde lo alto hace que levante la mirada. Y entonces la ve. Esta tarde no estaba ahí..., una gárgola gris, petrificada y atada para siempre. A simple vista parece igual que las otras, pero un pequeño detalle la diferencia: Tiene los ojos de color azul.

             Se arrodilla, y con lágrimas de felicidad manando desde su interior, le da las gracias a su Señor. “Gracias mi Señor, ahora soy doblemente Suya, siempre Suya”.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Sueños?

Una vez aceptado el término, tuviste TANTOS y TAN HERMOSOS que ya se hacía indispensable este lugar, donde poder recogerlos y no apareciesen dispersos.


Gracias.


Señor A.C.

Anónimo dijo...

Soy cómplice de tus sueños como una mariposa de alas rotas que vuela en un bosque encantado con aroma a risas y deseos mientras tú, transparente y frágil etérea flotas en un océano cálido y azul, como tus ojos, dibujando en tu piel una danza seductora que te eleva al universo onírico del deseo y del dolor para finalmente proclamarte su reina.

medussa dijo...

Gracias Señor A.C. Los sueños exploran los deseos y reflejan las vivencias. Mi gran fortuna reside en que sigo soñando… Viviendo y deseando.

Querida mariposa de alas rotas… Agradezco las bellas y exquisitas palabras que me traes. Describes todo tan bien… Sueño con acompañarte en ese bosque encantado de risas y deseos. Un beso grande.

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