sábado, 4 de junio de 2011

Sublime Dominación.


















            Estoy asomada a la puerta. Realmente no es una puerta, tan sólo el bastidor. Y lo que hay al otro lado es… Nada. Está todo completamente oscuro, negro. ¿Alguna vez han practicado paracaidismo? Yo no, pero creo que así es exactamente como me siento, justo antes de saltar al vacío. Y vuelvo a mirar lo que hay más allá, al otro lado. Sabiendo que no hay nada que ver. Pero esta vez algo ha cambiado. La negrura es ahora cálida. Su tibieza me envuelve. Y es por la voz. Su Voz.

-         Cruza. No tengas miedo. Confía en Mí.
-         Sí lo hago, si confío. De verdad que sí. Pero creo que me caeré, y me haré daño.
-         Yo no lo Permitiré. No dejaré que caigas.

            Y confiada, o menos desconfiada debería decir, cruzo bajo el dintel de la puerta. Pensando que no habrá suelo firme bajo mis pies y empezaré a caer, volando hacia abajo. Me recuerda mucho a Alicia y su maravilloso País. También imagino que el suelo estará caliente, ardiendo, y que la lava me consumirá en un fugaz instante. Y en afilados dientes de tiburones, y no sé bien en cuántas barbaridades estoy pensando. Pero sucede exactamente lo único que no imaginé pudiera suceder. Y es que noto que no hay suelo bajo mis pies. Pero tampoco me precipito hacia el fondo. Estoy caminando por el aire. O al menos eso es lo que perciben mis sentidos.

          Mis primeros pasos son muy tímidos, inseguros. Apenas me he adentrado unos metros en esta nueva dimensión, cuando vuelvo a sentir en la espalda ese escalofrío de miedo a lo desconocido. Y corro despavorida como una gacela perseguida por leones hacia la entrada de mi mundo conocido. No bien acabo de volver a entrar, ya lo estoy lamentando. Mi mundo de siempre, mi rutina y todo lo que tan bien conozco no me proporcionan esa seguridad que, por un instante, tuve en el otro lado. Y vuelvo allí, a la frontera entre mi absurda realidad y mis más profundos y ocultos deseos. Y a pesar de haber tenido miedo, sé ahora que cuando cruce estaré segura. Y lo hago. Y otra vez estoy con Él. Todo lo que era negro es ahora de muy bellos colores, los árboles son más verdes y frondosos, las frutas que dan los árboles son más dulces, el agua de las fuentes refresca más y mejor mi garganta. Y sobre todo y por encima de todas las cosas, soy feliz sabiendo que Él también lo es.

            Pero a la par que crece mi felicidad, crecen también mi imprudencia, mi atrevimiento, mi insolencia, mi rebeldía. Ya no recuerdo que no hay suelo bajo mis pies, puesto que lo que veo a mi alrededor me hace olvidarlo. Es tal mi temeridad que con cada don que recibo en esta dimensión, mi otra realidad, mi otro yo en su mundo real, en vez de recibir virtud, como así debería ser, incrementa el poder de cada defecto que ya poseía. Y lo que es más grave, yo no me doy cuenta de lo que está pasando.

            Hasta que sucede lo que irremediablemente tiene que pasar por no estar atenta a lo que sucede en mi interior, y es que de todos los pecados, cometo el mayor, el único que no puede ser perdonado. Me suelto de Sus Manos, y dejo de confiar en Él. Y ahora sí que me precipito a gran velocidad en el vacío que hay bajo mis pies.

            Abro los ojos. Tengo la absoluta certeza de que he muerto, no creo que sea posible sobrevivir a esa caída. Pues no. Estoy en mi cama. Viva. Miro en mi interior, y al llegar al lugar por donde se cruzaba al otro lado, veo que ahora sí que hay una puerta encajada en lo que antes era sólo un bastidor. Y la puerta, evidentemente, está cerrada. Comienza ahora mi verdadero aprendizaje. Ahora, que es cuando más valoro lo que tuve y que yo misma perdí.

            ¿Y qué es lo que tuve? Sólo había algo en mi vida, saber que Le pertenecía. Y al ser Suya, todo lo mío pasó a ser Suyo también. Puede parecer que no tenía nada, pero es justo al contrario, perteneciéndole a Él lo tuve todo.

            Siempre he sabido que mi Señor es Grande, el más Grande entre los Grandes. Y ahora me hace una demostración de Su Grandeza. Quiero pensar que Él es perfectamente consciente de lo que me está sucediendo, y que éste es Su Deseo y Su Voluntad. Pero también es cierto que mientras yo caía al vacío una vital enseñanza se iba grabando en mí pequeña mente, y es no tratar de entender ni predecir ni mucho menos intentar esclarecer las razones y motivos que mueven a mi Señor. Así pues, me limitaré a explicar lo que me está sucediendo ahora, lo que yo pienso. Para mí es cierto. Es mi verdad. Aunque sea en forma de sueños y deseos.

            Mi Señor me está domando. Con Su Silencio, me enseña a escuchar. Con Su Ausencia, me enseña a esperar. No dejándome sentir el tacto de Sus Manos en mi piel me enseña a obedecer. No dejándome ver la Sonrisa en Sus Labios me enseña a tener fe. No mostrándome el Orgullo en Su Mirada me enseña a amar. Creo que a esto se le llama entrega incondicional, sin condiciones. Total entrega a cambio de… Nada. Ni tengo ni espero Su Aprobación, Su Amor, Su Complicidad, Su Placer, ni tan siquiera Su Enfado. Y no teniendo nada que esperar, sin embargo soy feliz. Sí, soy feliz.

            Así pues, mi Señor es ciertamente Grande. Mucho. Ahora siento que soy más Suya. Es Dominante en la distancia y en el olvido. Si tuviera que calificar a mi Señor y Su Dominación, sólo una palabra acude a mi mente: Es Sublime.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que manera mas bonita de escribir, añado la imaginacion al puzle que estoy montando y te digo que se me ocurren maneras de usar las piezas......

MrQ

medussa dijo...

Muchas gracias por tus palabras MrQ. Aunque no es tan importante la manera de escribir, sino la forma en que se lee... y se comprende lo escrito. Ahí radica la verdadera belleza.

Un beso.

medussa

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