jueves, 8 de septiembre de 2011

Dulce y perverso vuelo...

            “Hoy tienes que volver a volar”, dice Él mientras con Su Dedo Índice le da pequeños empujoncitos en la espalda. Ni los Arcángeles en todo su Apogeo podrían transmitir tanto Amor como nota ella que la invade ahora. Pero es obstinada. Quiere quedarse en Esas Manos para siempre. Tímidamente, levanta la mirada hacia Él. Se siente atrapada en un remolino, su cuello parece no querer seguir sujetando esa cabecita. Oh… Otra vez empieza a deshacerse. Su Señor, Sabiendo lo que ella necesita, acerca Su Rostro, y cuando con Su Aliento deja toda su piel al descubierto, advierte como si lo que fuera la voz de un Espíritu errante le susurra al oído: “Hazlo, no tengas miedo, acaricia Esos Labios, impregna tus dedos de Esa Esencia, llena tus pulmones de Esa Brisa Celestial…” y ella, poseída, obedece. La Sonrisa de su Señor hace aún más patente su entrega.

            “Y ahora, Mi pequeña, volarás, lejos, muy lejos, y alto, muy alto”. Sabedor de sus temores, acaricia su tobillo, suave, dulcemente. Con tanta delicadeza que ella se siente como del más frágil cristal que pueda haber sido soplado. Y cuando Su Mano se retira, una joya brillante, con destellos parpadeantes de infinitas tonalidades rodea su tobillo. Es una anilla mágica. Destila un fino hilo de plata líquida, cuyo otro extremo nace en la palma de la Mano de su Señor. “Eres Mía. Mi pequeña. No Permitiré que te pierdas. Estás unida a Mí. Esta magia es muy poderosa. Y tu Señor la Usa ahora contigo. El hilo de plata no se romperá. Vuela.” Y mientras Dice eso, levanta Sus Manos, y la empuja fuera, elevándola, quedando a merced de las olas que soplan.

            Y vuela. Y ve a su Señor, Asomado al borde del acantilado, Sonriendo… Ya no teme perderse, el cordelito de plata está firmemente sujeto a su tobillo, pero quiere volver a Él, sentirse rodeada por Sus Brazos, Amada, Besada, Penetrada, Sodomizada, Poseída... El pensamiento de Sus Manos recorriendo su piel le provoca tal éxtasis que hace que se ponga al borde de la locura. Pero sabe que debe obedecer. Coge su pasión, y la esconde en el lugar más recóndito de su pequeño cuerpo. Cuando su Señor la quiera, Sabrá dónde está. No hay nada que pueda ella ocultarLe. Y con el salvaje instinto a buen recaudo, sigue volando.

            La brisa que sopla es fresca. Escoge una corriente de aire que va hacia el Sur, y se recuesta en ella, dejándose llevar. Mira hacia abajo, y ve una cordillera nevada, con inacabables cumbres que parecen desafiar al cielo. Y mientras sus ojos parecen querer perderse entre tanta belleza, la corriente de aire empieza a bifurcarse, y siente como una fuerza invisible sujeta sus muñecas, sus tobillos. Y esa fuerza despega los brazos, lentamente, del cuerpo, y con la misma lentitud obliga a que sus piernas se abran, dejándola totalmente expuesta. No tiene miedo alguno, está con su Señor, aún en la distancia. Una nueva corriente de aire se enrosca en su tobillo, como una serpiente. Y va reptando por su pierna. El leve roce con que la serpiente se desliza por su piel le produce escalofríos en la espalda, en el vientre, en su intimidad. Intenta mirar hacia esa angelical, y diabólica a la vez, serpiente de transparente aire, pero nada ve. Y sus sentidos perciben el aroma que desprende… Es el Olor de su Señor. Su Señor... De su amado Señor, como de otra forma no podía ser. Cierra los ojos, y se abandona al placer que Él le está proporcionando.

            Tan grande es su felicidad que hasta su alma llora de alegría. Está despierta, pero el hilo de plata sigue sujeto a su tobillo. Se incorpora, lo toma entre sus manos, lo besa. Las lágrimas que está derramando son absorbidas por el hilo. No quiere dormir. Teme que al despertar el hilo haya desaparecido. Mientras la acaricia con sus manos, la fina plata empieza a transformarse, está Creciendo. Se va pegando a su piel, formando una delgada pero firme capa que va rodeando su cuerpo. Mira el firmamento, y entre la cortina de lluvia que son sus lágrimas puede ver que está cubierto de estrellas fugaces, bailando y festejando el momento. Ya el Hilo de Plata ha Abrazado todo su cuerpo. Y se siente protegida, nunca volverá a sentir frío. Nada malo podrá sucederle. No podrá perderse. Su amado Señor, en su Infinita Bondad, le ha Concedido su deseo: Quedarse a vivir dentro de Él.

            Le amo, mi Señor. Dormiré dentro de Usted.